Todo el agua que encontramos en la naturaleza, en cualquiera de sus formas – sólida, líquida o gaseosa –, cumple funciones dentro de la Biosfera. El ciclo del agua tiene lugar en la naturaleza y, solamente, gracias a la naturaleza. No hay ningún sistema humano que pueda sustituir a los ecosistemas naturales, las auténticas fábricas de agua, pues las plantas y los árboles, los bosques y las selvas retornan un agua verdaderamente pura.


El agua es un bien finito, y el uso que las personas hacemos del agua (alimentación, higiene, agricultura, industria…) junto con factores como la irregularidad de las precipitaciones, el ascenso de las temperaturas y los períodos prolongados de sequía, aumentan las dificultades para disponer de agua segura, accesible y asequible a todos los seres humanos.


Según estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de UNICEF, 1.800 millones de familias en todo el mundo no disponen de agua en sus hogares; 1.100 millones de personas disfrutan de menos de 20 litros al día y han de ir a buscarlos a más de un kilómetro de distancia de sus casas; y 2.600 millones de personas, el 40% de la humanidad, habitan viviendas sin saneamiento de las aguas residuales.


Las denominadas ‘aguas nuevas’ – producidas mediante desalación y reutilización - aumentan la disponibilidad del agua para el consumo humano y reducen la retención de las escorrentías.


En la desalación, bombas de gran presión proyectan el agua marina contra unas membranas en las que queda separada la sal. Se aplican diversas técnicas para evitar las concentraciones - dañinas - que provocaría la reemisión directa de la sal a la orilla del mar. Por su parte, las emisiones de GEI asociadas a la generación eléctrica precisa para impulsar ese bombeo pueden reducirse empleando energía producida en parques eólicos o en plantas termosolares.

El tratamiento adecuado de las aguas residuales permite su reutilización en distintos usos de ocio (riego de: jardines, zonas verdes públicas, campos de golf…) y en la agricultura (pastos, viveros, cultivos leñosos y forestales…). En las viviendas, el tratamiento de las aguas grises (procedentes de fregaderos, duchas, bañeras y lavabos) permite reutilizarlas en las cisternas de los WC.


Con todo, no hay que bajar la guardia y hay que mantener todos los esfuerzos por reparar las fugas de las redes, asegurar la eficiencia de los sistemas de riego agrícola, evitar verter a los cauces fluviales aguas sin tratar, y así sucesivamente.